miércoles, 6 de julio de 2016

San Fermín, o lo que nunca ocurrirá

Lanzado el chupinazo. Comienza San Fermín. Un año más, y es como si me entrara una nostalgia adelantada. Yo, que ya de plano ando a la búsqueda del mundo que se me perdió, constato cada día que se me siguen perdiendo cosas, casi como un abuelo con Alzheimer que empieza por no encontrar sus llaves, luego no halla su sweater ni la pantufla derecha, y acaba por perder quince o veinte palabras por día. Y es que pareciera el mundo mismo empeñado en transformarse en algo que no era. El obispo, arzobispo, archipiélago... o como quiera que se llame, que yo en esto de los títulos eclesiásticos ando fallo... de  la catedral de Toluca, ha comenzado una campaña tan absurda, retrógrada y pamplinesca (nada que ver con Pamplona) cuanto la otra en que se han empeñado él y sus amigos, de manifestarse abiertamente contra los matrimonios de homosexuales, y ésta se refiere a que las mujeres dejen de ir a la iglesia en minifalda, con escotes exageradamente llamativos, pantalones ajustados bien untaditos en las nalgas de ésos que hacen que se le antoje a uno y que precisamente acabe uno por alabar a Dios aun más por las bellezas de su creación... y quieren prohibir todo atuendo que sea contrario precisamente a los gustos del Altísimo, o que acabe por ofenderlo. Arrepentíos...! Tíos...! Sobrinos! Primos, hermanos y demás! De tantos pecados que llevan en el alma incluso aquél de querer ir a misa los Domingos para apreciar las atractivas carnalidades femeninas que pareciera se esmeran en acicalarse esos días más ya sea para demostrarnos in extremis et in corpores plus que perfectos (perdón, cursé latín en segundo de Prepa 2,  en Licenciado Verdad y hasta saqué MB, pero tantos años de no hablarlo ni leerlo entorpecen la lingua), que Dios sí existe y creó volúmenes tales precisamente para que se nos facilitara crecer y multiplicarnos, o porque al acabar la misa se irán directamente al primer centro comercial que se les aparezca,  o quizá porque saben que allá en la iglesia les puede resultar un buen novio, un enamorado católico, un partido interesante. De modo que preveo que las misas se nos irán convirtiendo en este mundo, poco a poco, en ministerios de prudencia prêt à porter y en oficios medievales o del tipo jerezano con blusas corridas hasta la oreja y faldas bajadas hasta el huesito. Del mismo modo, el Ayuntamiento de Pamplona ha decidido comenzar a meter mano en los "san fermines" para que se acabe eso del manoseo y las fotos de los manoseos y los manoseos de los manoseadores a las jóvenes alegres y bustonas y gustonas, que se han solido dar desde tiempo atrás. Sí, esas fotos que hacían nuestro deleite cuando, púberes ansiosos por alcanzar la adolescencia, descubríamos en las páginas de algún tabloide una finlandesaza, noruegaza o españolaza en topless encima de los hombros navarros de un vasco, recibiendo una que otra caricia apasionada de amigos y espectadores aledaños, tendrán que ir desapareciendo pues hasta policía habrá para evitar lo que las feminazis se encargan de etiquetar como "actos sexistas". Óooole! Ni qué decir -porque no lo escuchan a uno-, que en este tipo de asuntos todos se vuelven más papistas que el Papa, pues así como hay hombres manoseando chicas, hay mujeres manoseando chicos, no tan chicos y hasta bien maduros, especialmente de donde cuelgan ya maduros los frutos que ellas manosean. Por otra parte, resulta claro que aunque el manoseo no pedido resulta desagradable y completamente irrespetuoso, fuera de lugar y ofensivo tanto para la mujer que lo sufra, como para el hombre que lo reciba, hay hombres y mujeres y gays, que salen a este tipo de festividades, a conciertos, a encerronas (no sólo con toros y de toros) y a ferias del tomatazo y similares, pidiéndolo a gritos. Hasta la t-shirt se levantan para bailotear los senos cual si fuera guignol en carpa callejera. Ni hablar. Ya en este año veremos menos de eso, y dentro de unos años quizás acaben hasta por quitar los toros de las festividades san ferminas, para evitar que se nos cansen y que haya un cruel maltrato animal al hacerlos correr tan en acelerada desbandada tras nosotros. Pobre de mí, seguiré a la búsqueda del mundo perdido.

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